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miércoles 3 de febrero de 2010

LA RECALCITRANTE DERECHA VALENCIANA


Doña Erre que erre

Recalcitrante, casposa en su actualidad de vieja alacena fermentada al jugo del ayer que no abandona; impregnada de olor a húmeda sacristía y podrida bota herrada, por más que lo intente, la derecha no muda su camiseta; no puede. Aparenta lavarla, pero no la muda. Clausuremos el lavadero; no sirve.

Refirió Ramiro, del Partit Republicà d´Esquerra, que las miras de nuestra Izquierda Republicana habían de partir desde el presente -nuevos tiempos- hacia el futuro, cuasi desprendidas del ayer. Ramiro lleva razón. Asienta bien los pies en el suelo y, pisando fuerte, perdonando, clava la mirada en el mañana. Sana envidia tengo a Ramiro.

Quisiera. Debiera de ser, pero no. No es que no quiera, que sería deseable, sino que no me dejan; no nos dejan. Al parecer, la ecuanimidad es una utopía y no se nos permite alcanzar la línea cero, el preciso punto desde el que partir en atención a la normalidad; a lo que debiera de ser.

Unos y otros, aún desde distintas ópticas, afirmamos a menudo que la historia sólo es eso, sinónimo de pasado, ignorando o no el peso de la afirmación, dependiendo de la circunstancia en que se produce, casi atolondrados si la cuestión es vana o se prefiere el olvido voluntario, pretendiendo anécdota sin reproche en la personal iniciativa. Nada que objetar en tal caso. Deportivamente.

Otra cosa es el olvido impuesto desde la soberbia y el autoritarismo, con la connivencia de los poderes fácticos afines. ¿Deportivamente? Cuando esto ocurre, la línea de salida es difícil de alcanzar por más que se intente. Preparados ya para la carrera, situados y prestos, al pronto, erigiéndose en juez indiscutible, alguien determina que el punto de partida es otro... más allá, más lejos; y una vez ahí, nuevamente preparados, resultará que tampoco. Pareciera que la elección del lugar idóneo fuese antojo y desembocase en barrizal, cuando en derecho propio correspondiera y reclamada fuese por los atletas, pista llana y apta.

Aburre y cansa, cómo no, la cuestión de la memoria histórica. A unos, por conveniencia; a otros, por impotencia. En tanto quienes acotan aboguen por una supuesta fraternidad fruto del olvido impuesto, los otros, quienes reclaman, contemplarán -humillados en el hastío- cómo se desdeñan, manipulan o tergiversan lícitas peticiones emanadas del personal derecho, una y otra vez, otra, y tres más.

No puede ser, pues viene a ser lo mismo que la charla barriobajera:

"Si, amigo... te quité una peseta. Pero... porque tú eres mi amigo ¡si no te conociese! No, no... No te la pienso devolver, pero no te enfades conmigo. Los amigos no se enfadan y tú, ¡tú eres mi amigo!

Devuélvase la peseta y una vez así, noble el corazón del robado, perdonado el ladrón, quede el abrazo. Pero no.

Al parecer, se impone lo primero; el olvido forzado y, en macabra y soez escena apuntillada, desde el recochineo ruin y barato de la nueva ilustración a que nos tienen acostumbrados los buenos varones -y alguna doña- mal disimulados. No es nuevo. No hay posibilidad, no ya de avanzar, sino de partir. Que se lo pregunten a los sorprendidos descendientes de los represaliados por el franquismo quienes, después de una lucha sin fin; de mil avatares sufridos ante la inmisericorde y reaccionaria actuación de la derecha municipal valenciana encabezada por su ilustrísima Na -doña- Rita Barberá y el fatídico pacto de silencio de adláteres cabizbajos, se encuentran ante la terminante iniciativa de tal corporación, de levantar un monolito sobre la fosa común de la Sección 7ª Derecha del cementerio de Valencia en donde yacen miles de represaliados, menospreciados y fusilados por el régimen anterior, un monumento "en memoria de todos los que dieron la vida por la España que creían mejor", o lo que es lo mismo, se pretende homenajear a los criminales verdugos sobre la fosa de las víctimas.

Extramuros, goteo constante de mártires y beatos entronizados en todo tiempo y lugar, la bicolor cercana. Chitón.

No se puede avanzar, no. No se puede partir cuando, por ejemplo, en el manual elaborado por la Generalitat que se entrega a los inmigrantes con el fin de facilitar el arraigo de quienes arriban a nuestras tierras, se evita calificar el franquismo como dictadura ("De 1939 a 1975 se instaura un período conocido como franquismo...") -sic- sin más, y relativo a la II República, se la retrata tan escueta como sanguinaria ("quema de edificios religiosos y asesinatos...") -sic-.

No se puede partir.

No pueden disimular su casposa soberbia.

José Alfonso Martínez es Secretario de Organización y Finanzas de IR Valencia, miembro de la Ejecutiva de IRPV y del C.P.F.

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